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A trabajar con el pasaporte y la maleta a cuestas
EL EXTRANJERO GANA ATRACTIVO ENTRE LOS ESPAÑOLES
A finales de mayo pasado, cuando el deterioro económico ya era importante, Luis, un ingeniero de telecomunicaciones de Almería, se embarcó hacia Bélgica para vivir una experiencia internacional que le permitiese "encontrar un trabajo más interesante y con mejores condiciones".
Cruzar el charco o los Pirineos en busca de empleo, hasta ahora la gran cuenta pendiente para los españoles respecto a otros países vecinos, ya no resulta tan imponente como antes. Según los últimos informes sobre expatriados y las empresas especializadas en facilitar los trámites para ir a trabajar al extranjero, cada vez son más los españoles dispuestos a traspasar fronteras por motivos laborales. Como Luis, aproximadamente un 70% de los españoles estaría dispuesto a cambiar su residencia por trabajo y, de ellos, un 32% no tendría problemas en irse fuera de España, de acuerdo con el estudio sobre movilidad geográfica elaborado por Manpower.
A esta tendencia también ha contribuido de forma importante la actual situación económica. "El volumen de negocio ha aumentado con la crisis", reconoce Iñaki Saltor, director general de Catenon España, empresa especializada en el asesoramiento a expatriados en puestos ejecutivos. Sin embargo, ahora ya no es sólo cosa de directivos. En la lista de expatriados se encuentran un buen número de profesionales técnicos, ingenieros o consultores como admiten otras empresas de este sector.
Luis está entre ellos. "Me fui por iniciativa propia, traduje mi currículum al inglés y lo puse en varios portales de trabajo que funcionan en toda Europa. Al poco tiempo recibí diferentes llamadas para hacer unas entrevistas", entre ellas una para trabajar en una compañía en Bruselas, comenta.
En general, los españoles tienen una buena acogida en las empresas extranjeras. "Quizás en otras nacionalidades se tiene una cultura de planificación, pero los españoles tienen capacidad de improvisación, entendida como respuesta ante situaciones imprevistas, algo que se valora en las organizaciones internacionales", explica Pedro Checa, director general de Uniconsult, una compañía dedicada a la orientación a profesionales que se quedan sin empleo.
Europa es uno de los destinos preferidos por los expatriados, según reconoce Ira Lemmetynen, directora de Relocations España, que presta servicios para personas que acuden al extranjero o a España a trabajar. El otro, por idioma, es Latinoamérica, sobre todo Argentina, México y Chile, responsables "de entre un 30 y un 40% del volumen del negocio" de esta empresa.
Luis eligió quedarse en el continente para sobrellevar mejor la separación de su familia, su novia y sus amigos. Sin embargo, la diferencia con otros destinos más alejados no es sólo la distancia, sino también la dificultad del proceso administrativo necesario para ir al país elegido.
Trabajar en el extranjero puede ser toda una oportunidad, enriquecedora desde el punto de vista personal y laboral, pero puede convertirse en un quebradero de cabeza dado el elevado número de trámites que es preciso realizar en algunos casos. "Para Europa y Latinoamérica es más fácil", admite Lemmetynen, aunque en esta última región será preciso "planificar todos los pasos correctamente para estar bien cubiertos legalmente". Luis reconoce que no tuvo que pedir ningún permiso especial de trabajo y que contó con el asesoramiento de su actual empresa en todo lo relativo al registro, a la cuenta del banco, la información fiscal o el alojamiento.
Todo se complica cuando uno desea trasladarse a Estados Unidos, Canadá, Rusia o China, donde los requisitos para obtener visados son muy estrictos. Joan Serrano, que reside desde hace ocho años en China y trabaja como consultor en temas de derecho y comercio internacional, comenta por su experiencia que "la burocracia puede hacer que el proceso de visados o del permiso de residencia sea farragoso y lento".
Sin embargo, los trámites no son el único reto. Una de las principales dificultades, según Lemmetynen, está relacionada con la frustración de las expectativas previas. Entre las motivaciones más comunes cuando se decide ir a trabajar al extranjero está mejorar el nivel de vida, algo que parece más fácil en los países emergentes de Asia, donde a menudo se tienen unas expectativas de costes erróneas. "Hay que hacer números, empezar el trabajo por el control de expectativas", comenta. "A veces se esperan unos costes y se encuentran con que el alquiler de una casa con estándares occidentales es incluso más caro que aquí". Sobre todo, es muy recomendable conocer qué retenciones fiscales se aplican a los extranjeros. Por ejemplo, en el caso de España, alcanzan el 25% para aquellos ciudadanos de otros países que vengan a trabajar por un tiempo, señala la consultora Michael Page.
Salvados esos escollos, las oportunidades que se presentan son numerosas. Para Elena, trabajadora en el consulado de España en Shangai, su estancia en China le permite estudiar el mandarín, perfeccionar su inglés y poder trabajar en estos idiomas. "En el futuro estoy segura de que me ayudará en la búsqueda de nuevos empleos tanto en España como en otros países", dice.
Elena escapa, en parte, al perfil habitual del expatriado, que es el de una persona de entre 30 y 40 años que no viaja con familia. Ella fue a China por razones de trabajo de su marido, aunque pronto logró un empleo. Pese a que los expatriados suelen viajar solos, las empresas de asesoría también prestan servicios para facilitar, en su caso, el traslado de toda la familia.
Otra de las ventajas es la posibilidad de estar en contacto con gente de muchas más nacionalidades. En la empresa en la que trabaja Luis hay, además de belgas, empleados de Francia, de Rusia, de India y de Túnez. "El ambiente es mucho mas internacional que cualquier experiencia previa en España. Por otro lado Bruselas es la capital de Europa, lo que te da la posibilidad de conocer mucha gente simplemente yendo a tomar una cerveza".
16 / 3 / 2009
Reproducimos un extracto del artículo de Jorge Planelló en elmundo.es, lunes 16 de Marzo de 2009.